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BOLA DE NIEVE

por sozan
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«No puedo cambiar la dirección del viento, pero sí ajustar mis velas.»»

– James Dean –


Quizá lo hayas vivido alguna vez en persona. Quizá lo viste en algún programa de televisión o leído en un cuento: Parados sobre la cima de una loma o una montaña nevada, tomas un puñado de nieve y la arrojas barranca abajo. Metro a metro se va formando una gran bola que al llegar a la base puede tener dimensiones extraordinarias. En su centro, un pequeño puñado de nieve que lo comenzó todo.

Nuestra mente es en ocasiones como esa ladera nevada. Un pensamiento, una situación, una idea es arrojada desde la cima, y allí va… creciendo metro a metro, tomando dimensiones extraordinarias a medida que se mueve a cada vez mayor velocidad por los barrancos de la consciencia.

El ser humano es brillante, creativo, inventivo y provisto de una maravillosa capacidad de llegar a diversas conclusiones. Agregamos, sumamos y modificamos la realidad tal como es en su estado original y la convertimos en nuestra propia realidad… en mi realidad según yo. Y esto no es necesariamente algo negativo.

Volvamos pues a aquello que surge en nuestra mente y, con valentía y sin vértigo, se hace presente en su cima y comienza a descender por su ladera nevada. Luego de rodar y rodar en nuestra cabeza ya no es más que un pequeño centro, casi indistinguible, de una enorme bola de pensamientos, ideas, emociones y sensaciones que lo recubren.

Quizá sea importante que te detengas a observar y reflexionar sobre aquello que está en tu mente, en tu vida, en este momento. ¿Cuánto del peso de cada cosa que mora en tu ser es producto de todo lo que le has agregado al acontecimiento original? Tomamos decisiones, nos preocupamos, interactuamos, y en ocasiones sufrimos en base a aquello que, en su porcentaje mayor, es lo que nosotros mismos hemos inventado a su alrededor.

La capacidad de ver las cosas tal cual son, sin el agregado de nuestra noción limitada de cómo deberían ser, sin las capas extra de condicionamientos, mandatos, aversión, apegos y hábitos es una de las definiciones de «sabiduría». El sabio, con profundo conocimiento de sí mismo, puede distinguir con claridad aquello que «es» de aquello que «hemos creado» a su alrededor.

Simplemente observa… Antes de preocuparte, de actuar o interactuar, antes de tomar decisiones, fíjate qué tamaño tiene tu bola de nieve. Obsérvala, e intenta distinguir aquello que es real, original, de aquello que es agregado, extra. Retrocede algunos pasos y mira la bola con curiosidad y atención… En su centro, esperando volver a ver la luz del sol, está aquello que realmente importa.

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